09/05/2013
Olympus Trip 35. Reparaciones
¡Lista para un viaje!
Muchas cosas se pueden decir de esta cámara y todas buenas. Fabricada en Japón entre 1968 y 1984 con un diseño ejemplar, antes de la era del plástico y los chips. Su construcción es robusta, hecha para durar y fácilmente reparable. Sin estar a la altura de sus hermanas Olympus RD u Olympus RC, es un ejemplo de sencillez, produciéndose en masa y manteniendo alta calidad. No lleva batería sino una célula de silicio para hacer funcionar el fotómetro. El objetivo Zuiko 2,8 es realmente nítido y no tiene que envidiar nada a prácticamente ninguna cámara.
Afortunadamente nadie quiere estas máquinas y se pueden encontrar de segunda mano por prácticamente nada. Compré ésta, encontrándome con que su conocida bandera roja no aparecía por ninguna parte y el diafragma se mantenía invariable a f22. Decidí hurgar en ella a ver qué tenía dentro y esto me encontré. No pierda detalle.
La tapa superior está sujeta por tres tornillos, dos bajo la manivela de rebobinado y el tercero en un lateral. Está fabricada de aluminio estampado muy resistente.
El cable del flash opcional está unido a la tapa superior, por lo que ésta no se puede separar completamente de la cámara. Es posible quitar fácilmente la cinta que protege el visor o incluso sustituirla si está deteriorada.
Sin la tapa superior se ve lo siguiente:
El botón de disparo y la rueda de avance de la película son de plástico, pero prácticamente todo lo demás es metálico. Sólo tiene cables para el flash y para el fotómetro (amarillo y verde) que atraviesan la cámara desde la parte inferior a la superior.El mecanismo que selecciona la velocidad de obturación es realmente sencillo e ingenioso: una aguja metálica situada en la parte superior de la lente se desplaza de izquierda a derecha. Si la luz es insuficiente se quedará a la derecha y si hay suficiente para tomar la foto bloqueará mecánicamente la pieza con forma de escalón, activando ésta una de las dos velocidades disponibles: 1/40s y 1/200s.
Si la aguja no se mueve hay un fallo en el sistema del fotómetro.
La pieza con forma de escalón es solidaria con la bandera roja. Así, con luz insuficiente el disparador accionará la bandera a modo de palanca. Al mismo tiempo la pieza trapezoidal situada cerca del botón de disparo girará impidiendo que éste haga todo su recorrido, bloqueando el disparo. Además hay otra pieza con forma dentada junto a la de la bandera: es la encargada de la apertura y también depende de la posición de la aguja. Se puede ver antes y después de presionar el disparador con poca luz en las siguientes dos fotos:

Éste es el funcionamiento correcto de la cámara. En mi caso la bandera roja se quedaba a medio camino, sin aparecer por el visor. El fallo es debido a que la pieza trapezoidal no llegaba a bloquear el botón de disparo. La solución es forzar el movimiento con el dedo o una herramienta para desatascar el mecanismo. En caso que ésta quedara a mucha distancia, quizás habría que poner una pieza intermedia.
Ojo, la bandera roja sólo se activa estando la apertura en la posición "A".
La famosa bandera roja ahora sí aparece en el visor. Es todo un icono de esta cámara.
Mi segundo problema era que el diafragma estaba casi cerrado independientemente de la apertura seleccionada. Pude corregirlo ajustando el tornillo de la apertura.
Es fácil hacer una limpieza de algunas partes, como el visor, salvo que a alguien le guste sucio. En ese caso debe dejarlo tal y como está o incluso añadir más suciedad.
El anillo interior está unido al anillo de enfoque mediante tres pequeños tornillos. No es necesario sacarlos del todo, sólo aflojarlos.

Para extraer las partes de la lente es necesario desmontar la tapa inferior con la finalidad de dar holgura a los cables del fotómetro, ya que inicialmente están tirantes y pasan por detrás de la rosca del trípode.
La célula de silicio quedará unida al cable y sólo podrá ser apartada.
El anillo que controla la sensibilidad está sujeto por tres tornillos que además le permiten girar.

El siguiente anillo es el del enfoque, que también tiene dientes y bolas.
Aquí se puede ver una pequeña bola que encaja en los dientes de los anillos.
El anillo de apertura está sujeto por tres tornillos
A continuación está la lente intermedia, que usa los tres tornillos del anillo apertura.
Visión a través de la lente intermedia.

Por fin aparecen las láminas del diafragma. Tienen un mecanismo sencillo y ocurrente porque sólo son movidas por un pivote que gradúa la apertura al desplazarse a lo largo de la ranura. No olvidar que éste pivote está ligado al tornillo de ajuste de apertura y éste, a su vez, a la pieza que gira junto a la bandera roja.

Diafragma abierto y cerrado.


Tras quitar los tres tornillos del mecanismo de apertura aparece la lente interior y detrás el obturador.
Y ya no hay más piezas que desmontar en la lente.
Las lentes se pueden limpiar con líquido sin impurezas, de secado rápido, y el mecanismo de apertura y otras piezas metálicas con gasolina para mecheros u producto similar. Para volver a ensamblar el conjunto, seguir los mismos pasos pero a la inversa. Yo lo hice y no me sobró ni una pieza, ni siquiera alguna pequeñita.

Una vez más sigo fascinado con estas cámaras y su funcionamiento. ¡Continuará con otras mejoras!
Tras quitar los tres tornillos del mecanismo de apertura aparece la lente interior y detrás el obturador.
Una vez más sigo fascinado con estas cámaras y su funcionamiento. ¡Continuará con otras mejoras!
21/04/2013
A bordo de Norwegian Jade
Mantendré esta entrada en secreto para que no la vean mis amistades viajeras. Escribiré bajito. Qué pensarían de mí viéndome en el súmmum del todo incluído en vez de con la mochila y en algún autobús de la muerte. En el Norwegian Jade no hay de esto último, sólo comodidad y lujo. Hay que probar de todo, señora.
Siempre quise hacer un crucero, aunque estar rodeado de miles personas normales no parecía buena idea. Suele ser gente de clase media que juega a ser rica por unos días; les divierte estar en un ambiente de lujo, con asistentes y esas cosas. Por el contrario, me fascinaban los grandes barcos, unas auténticas ciudades flotantes que ni siquiera se pueden calificar como mastodónticos exceden en mucho al adjetivo. Éste, el Norwegian Jade, con 15 plantas y 300m deja pequeño al Titanic. En sus tripas hay piscinas, innumerables restaurantes, casino, teatro, tiendas, discotecas y una biblioteca que siempre estaba vacía. Los jacuzzis siempre llenos. Comida gratis las 24 horas, hasta con servicio de habitaciones. ¡Incluso una máquina de helados disponible siempre! Me sorprendió lo impecable que estaba todo, pues no había ni un rasguño en las escaleras o las moquetas, a pesar del uso continuado que se les daba. En el fondo es un lujo al estilo americano, es decir, sólo de fachada como en que se ve en Las Vegas pero sin demasiada esencia.
Me encantó la experiencia y yo no quería salir del barco. Los lugares visitados fueron secundarios y prescindibles. El Norwegian Jade enseguida se convierte en un hogar que te abraza. Lo peor es el último día: aparece un señor diciendo que hay que abandonar el barco y las vacaciones se acaban. Resulta trágico.
| Norwegian Jade en Santorini. |
| Teatro con más de 1000 asientos. |
20/04/2013
El libro ya está aquí
Tengo el libro de La vuelta el mundo Naranja en mis manos, por fin.
Su elaboración ha sido mi principal ocupación durante los últimos dos años y medio. En él he puesto toda mi dedicación y tiempo, sacrificando otras cosas. Debía ser así porque es la única manera de que saliera adelante con el cuidado que cada detalle se merece. Tuve que hacer de redactor, editor, maquetador, corrector y mil cosas más. Muchas partes del proceso han sido realmente trabajosas y se pusieron cuesta arriba, pero el avanzar constante nunca me hizo desistir. Otras fueron muy divertidas y gratificantes; en general puedo afirmar que la tarea ha merecido la pena.
En él relato minuciosamente el viaje entero, sin olvidarme de nada ni nadie y ayudándome de los cuadernos manuscritos para revivir todas las experiencias. Al final han salido más de 300.000 palabras y más de 1.600.000 caracteres, ¡y eso es mucho teclear! Éste es el resultado: un único volumen de 440 páginas aprovechadas, tamaño cuadrado de 30x30cm, a color, contundente y se puede sentir al tacto.
No pretendo publicarlo y siempre tuve claro que sería un soporte para documentar la parte más personal del viaje. Contiene información privada y opiniones. Además hablo mal de los chinos y no quiero enemistarme con más de mil millones de personas gratuitamente. Sólo lo he compartido con un número de personas muy limitado.
No podían faltar los agradecimientos a las personas que contribuyeron a hacer grande esta experiencia:
Este libro es un hito importante para mí. De algún modo pone fin a una etapa que comenzó con el viaje mismo y que después se ha estirado para exprimir cada parte que fue documentada. Ahora que el trabajo está terminado es momento para otros grandes retos sin tener que preocuparme que quedaba algo del anterior viaje por hacer. Aquí traigo un fragmento que aparece por ahí:
Everest
Reflexiones:
Cuando sea viejo, esté enfermo y calvo, más calvo que ahora o, quién sabe, quizás no por haberse inventado el remedio contra la calvicie y todo el mundo luzca melenas deseadas, salvo aquellos modernos que para destacarse, se raparán la cabeza. Cuando esté en proceso de putrefacción, digo, y los años me hayan ido comiendo, nada podrá impedirme sonreír al recordar que en este viaje viví cosas grandes. Rescataré de mis recuerdos el día en el que llegué a Hong Kong y recorrí agotado una a una las plantas del laberíntico edificio Chungking Mansion sin saber dónde me metía. Recordaré también los desayunos en solitario en las mesas de madera de Krabi, los paseos por las concurridas calles de Katmandú con la cámara en la mano o el monzón que todo lo mojó cuando puse pie en Bali. Hasta las caminatas arriba y debajo de George Street de Sídney me parecerán recuerdos de lo más elevado. Sí, fueron experiencias y momentos vitales que guardaré para siempre. Pensaré y recapacitaré entonces que un día fui joven, saludable, curioso, enérgico, libre e independiente. Con 29 años conservaba todos los dientes y podía saborear zumos tropicales, era flexible y no tenía achaques ni enfermedades. Quería imaginarme que podría comerme el mundo entero, y lo hice, estando en un momento de máximo esplendor físico y sabiduría en desarrollo pero ya aceptable. Y quizás el paso por el Everest representa simbólicamente muy bien todo esto, haciendo coincidir el punto más alto del mundo con mi punto álgido vital como organismo vivo. Sí, lo hizo mi yo de joven y le felicito por ello. Cuando aparezca la degradación física, seré consciente que esos momentos quedaron atrás y sólo existen en fotografías, pero los podré traer a mi consciencia cuando quiera, y eso me hará feliz. Si las cosas se ponen muy feas, siempre puedo buscar una nube, subirme en ella y pedirle que me transporte a Aitutaki.
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